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La historia es la ciencia que tiene como objeto de estudio el pasado de la humanidad y como método el propio de las ciencias sociales.
Buenos Aires Relatos antiguos


La historia se ocupa del estudio de los hechos importantes ocurridos en el pasado.
Para obtener datos sobre el pasado y estudiarlo se usan distintas fuentes de información. Las fuentes históricas pueden ser escritas, orales, gráficas, o materiasles.

 

Relatos antiguos sobre Buenos Aires

Muchos fueron los extranjeros, principalmente europeos, que pasaron por Buenos Aires. Algunos de todos estos trotamundos decidieron pasar al papel sus experiencias, algunos, demasiado "civilizados", detestaron a la ciudad mientras que otros se quedaron enamorados de ella, obviamente existieron los puntos intermedios. Misioneros, soldados, marinos, comerciantes, politicos, personajes de todo tipo reflejaron sus experiencias es Buenos Aires. En este articulo se reflejan los puntos esbozados arriba, recopilando partes de los libros de viajeros que se escribieron sobre Buenos Aires. Los paréntesis son agregados y explicaciones mías. Relato de un soldado alemán que participo de la expedición española de don Pedro de Mendoza que fundó el puerto de Buenos Aires en 1536: "Allí levantamos una ciudad que se llamó Buenos Aires: esto quiere decir buen viento (el original fue publicado en alemán). También traíamos de España, sobre nuestros buques, setenta y dos caballos y yeguas, que así llegaron a dicha ciudad de Buenos Aires."
"... se repartió toda la gente: la que era para la guerra se empleó en la guerra y la que era para el trabajo se empleó en el trabajo. Allí se levantó una ciudad con una casa fuerte para nuestro capitán don Pedro Mendoza, y un muro de tierra en torno a la ciudad, de una altura como la que puede alcanzar un hombre con una espada en la mano. Este muro era de tres pies de ancho y lo que hoy se levantaba, mañana se venía de nuevo al suelo; además la gente no tenía que comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían utilizarse. Fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido. Sucedió que tres españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas; y así que esto se supo se les prendió... Entonces se pronunció sentencia de que se ajusticiara a los tres españoles y se los colgara de una horca. Así se cumplió y se les ahorcó. Ni bien se los había ajusticiado, y se hizo de noche y cada uno se fue a su casa, algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y allí los comieron. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que se había muerto." "En este tiempo los indios asaltaron nuestra ciudad de Buenos Aires con gran poder y fuerza. [...] consiguieron quemar nuestras casas, pues estaban techadas con paja; excepto la casa del capitán general que estaba cubierta con tejas."
Bibliografía: "Viaje al Río de la Plata", Ulrico Schmidl.
Años mar tarde, en 1612, Ruy Díaz de Guzmán escribiría "La Argentina", en la que da una descripción de la zona de Buenos Aires: "Desde el Cabo Blanco para Buenos Aires, hay tierra muy rasa y desabrigada, de malos puertos, falta de leña, de pocos rios, salvo uno que está 20 leguas adelante, que llaman de Tubichamiri, nombre de un cacique de aquella tierra. [...] Es toda aquella tierra muy llana; los campos tan anchurosos y dilatados, que no hay en todos ellos un árbol: es de poco agua, y de mucha caza de venados, avestruces y gran suma de perdices, aunque de pocos naturales: los que hay son belicosos, grandes corredores y alentados, que llaman Querandís."
Un misionero jesuita del Tirol de paso por Buenos Aires: "6 de abril de 1691: Hubiera preferido consignar el día con oro, que no con tinta. Hoy viernes de la Madre Dolorosa, arribamos a Buenos Aires, tras larga y penosa travesía marítima, en el buque Almirante.
En esta mañana no oímos en el La Plata, en el río de la plata, sino el tronar de los cañones, el son de las trompetas y la algarabía de la gente que aguardaba al margen del río. Varias compañías de soldados de a caballo y a pie esperaban nuestro desembarco; también había indios con muchos niños, moros y moras, bautizados y paganos. Todos habían acudido a recibirnos (en ese mismo barco, aparte de los 40 misioneros venia el nuevo gobernador desde España)."
"...Buenos Aires es una pequeña, insignificante ciudad. Consta de sólo dos calles que se cruzan en la plaza. Ni siquiera es la mitad de grande como en el Tirol pueden serlo Kaltern o Klausen. La rige un lugarteniente español con mandato por cinco años, hasta que uno nuevo es enviado de España. No obstante, en la ciudad existen cuatro conventos: de los franciscanos, dominicos, trinitarios y jesuitas. Todos debes vivir en extremada pobreza, pues las cosas, con excepción de los alimentos, son tremendamente caras. Hasta el presente las casas eran de adobe. Hace poco, los jesuitas comenzaron a fabricar ladrillos y tejas. Los maestros de obra son nuestros propios Padres; los albañiles, indios formados en nuestras Reducciones del Paraguay. [...] La plata tiene menos valor que el hierro. Un cuchillo cuesta cien veces más que en Alemania. Igual ocurre con un fusil. Sólo los alimentos son baratos, casi ridiculamente baratos. Una vaca gorda, por ejemplo, puede adquirirse por centavos. Los soldados andan descalzos, y a menudo el uniforme les cuelga como trapos hechos jirones. Levantada por el incesante pampero, la tierra vuela por las calles, de modo que a veces ni siquiera puede divisarse las casas de la acera de enfrente..."
Biografía: "Extensa descripción del viaje del R.P. Antonio Sepp SJ, desde Hispania hacia Paracuaria", Antonio Sepp von Rainegg.
Opiniones del capitán francés que le devolvió las islas Malvinas a España, sobre la Buenos Aires de 1766: "Esta ciudad, regularmente construída, es mucho mayor que lo que parece según el número de sus habitantes, que no exceden en veinte mil, blancos, negros y mestizos.
La forma de las casas es lo que le da tanta extensión. Si se exceptúan los conventos, los edificios públicos y cinco o seis casas particulares, todas las demás son muy bajas y no tienen más que el piso bajo. Tienen, de otra parte, vastos patios y casi todas, jardines. La ciudadela que encierra el gobierno está situada a orillas del río y forma uno de los lados de la plaza principal; el opuesto está ocupado por el ayuntamiento (cabildo). La catedral y el obispado están en la misma plaza, donde todos los días hay mercado público.
No hay puerto en Buenos Aires, ni aun siquiera un muelle para facilitar el abordaje de los barcos. Los navíos no pueden aproximarse a la ciudad más de tres leguas (15 km. aprox.). Descargan sus cargamentos en goletas, que entran en un pequeño río llamado río Chuelo (el Riachuelo actual), de donde las mercancías son llevadas en carros a la ciudad, que está a un cuarto de legua (1300 m. aprox.). Los barcos que han de carenar o tomar un cargamento de Buenos Aires, se van a la ensenada de Baragán, especie de puerto situado a nueve o diez leguas (50 km aprox.) al Este-Sureste de esta ciudad.
Hay en Buenos Aires un gran número de comunidades religiosas de uno y otro sexo. El año está lleno de fiestas de santos, que se celebran con procesiones y fuegos artificiales. Las ceremonias de culto son pretexto de espectáculos...." Bibliografía: "Viaje alrededor del mundo", L. A. de Bougainville.
Una vision de las costumbres y la vida en el Buenos Aires colonial, de la mano del indio Calixto Bustamante Carlos, peruano apodado Concolorcorbo. Este indigena realizo un viaje acompañando a un visitador de correos y postas desde Buenos Aires a Lima en 1771: "...advierto a mis lectores que la ruta mas común y regular es por el río, a desembarcar en el Riachuelo, cuyo viaje se hace en una de las muchas lanchas que rara vez faltan en Montevideo. Con viento fresco favorable se hace el viaje en veinticuatro horas, distando cuarenta leguas (220 km., en realidad son199 km.) del Riachuelo. El desembarco es muy molesto, porque dan fondo las lanchas en alguna distancia y van los botecillos la mayor parte por la arena, a fuerza de brazo por los marineros, que sacan a hombros a los pasajeros y equipajes, hasta ponerlos muchas veces en sitios muy cenagosos, por falta de melle. Algunas veces se aparecen muchachos en sus caballos en pelo, que sacan a los pasajeros con más comodidad y menos riesgo que las barquillas. [...] Antes del Riachuelo están las balizas, que son unas grandes estacas clavadas en el fondo, y por lo que se descubre de ellas se sabe si hay o no suficiente agua para darle en el puerto. Los pasajeros se desembarcan cerca del fuerte, y a sus espaldas y su principal entrada está en la plaza mayor y frente al cabildo de Buenos Aires. [...] Esta ciudad está situada al oeste del gran Río de la Plata, y me parece se puede contar por la cuarta del gran gobierno del Perú, dando el primer lugar a Lima, el segundo a Cuzco, el tercero a Santiago de Chile y a ésta el cuarto. [...] Hay pocas casas altas, pero unas y otras bastante desahogadas y muchas bien edificadas, con buenos muebles, que hacen traer de la rica madera del Janeiro (Río de Janeiro, Brasil) por la colonia de Sacramento (Uruguay). Algunas tienen grandes y coposas parras en sus patios y traspatios, que aseguran sus habitantes, así europeos como criollos, que producen muchas y buenas uvas. [...] Su extensión es de veintidós cuadras comunes, tanto de norte a sur como de este a oeste. Hombres y mujeres se visten como los españoles europeos, y lo propio sucede desde Montevideo a la ciudad de Jujuy, con más o menos pulidez. Las mujeres en esta ciudad, y en mi concepto son las más pulidas de todas las americanas españolas, y comparables a las sevillanas, pues aunque no tienen tanto chiste, pronuncian el castellano con mas pureza."
Este mismo viajero nos otorga datos de estadística sobre la ciudad para 1770: "21065 habitantes, 1520 nacimientos y 846 fallecidos. 99 huérfanos, 101 presidiarios". Y sigue con la división de los habitantes: "3630 hombres españoles, en que se incluyen 1854 europeos, los 1398 de la península, 456 extranjeros y 1785 criollos. 4508 mujeres españolas. 3985 niños de ambos sexos. 4163 esclavos negros y mulatos de ambos sexos y de todas edades. Españoles casados: 942 europeos y el resto de 912 solteros. 1058 criollos y el resto de 727 solteros." Total de 2000 casados y 1639 solteros.
Bibliografía: "El lazarillo de ciegos caminantes", Concolorcorbo.
Fuerte de Buenos Aires 1829 Apreciaciones de un agente estadounidense sobre la Buenos Aires inmediatamente posterior a la Revolución del 25 de mayo de 1810: "La costa sudoeste del Río de la Plata es tan baja que la ciudad apenas se ve desde las balizas, aunque la distancia no pasa de 8 millas (13 km.). Al acercarse a la costa la ciudad presenta un aspecto melancólico. Sólo vi una larga línea de casas bajas, de irregular construcción y, en el centro, un viejo fuerte de cuatro baluartes. La orilla estaba cubierta de mujeres negras, lavando, y como el verano se hallaba en su mayor fuerza, el 15 de febrero (1810), mucha gente se estaba bañando; [...] Tomamos tierra sobre un muelle que se adelantaba hasta alguna distancia de la costa. Al llegar al fuerte, que incluye un edificio grande y pesado, antes residencia de los virreyes y ocupado ahora por el presidente de la Junta, tuve la agradable sorpresa de hallar frente a él una amplia y hermosa plaza dividida por una columnata, con tiendas a cada lado, opuesta a un edificio que más tarde supe era el cabildo o ayuntamiento. Las calles divergen desde este punto y se cortan en un ángulo recto, dividiendo la ciudad en grupos macizos de 150 yardas (137 m.) cada uno. Entre el Fuerte y la columnata, que se llama la Recova, había una cantidad de carretas cargadas de frutas y verduras. Del lado opuesto, varios chiquillos a caballo galopaban de una parte a la otra con sus tarros de leche, colgados sobre sus monturas. [...] No vi coches; carros de caballos y de bueyes cruzaban la plaza en diferentes direcciones. Los primeros eran carros de dos ruedas tirados por dos caballos [...] Pasé de la plaza a las calles, que tenían aceras para la comodidad de los peatones. Las casas están construidas con ladrillos y están bien edificadas. Algunas sólo con un piso bajo y grandes patios, pero generalmente con un piso alto sobre la planta baja. Todas tienen techos planos y parapetos, adornados con urnas, lo que les da un aspecto cuidado y causa gran impresión. [...]"
"...presencié un fenómeno cuyas singulares circunstancias me inducen a informar aquí sobre él. La atmósfera se oscureció de repente, y todos los indicios anunciaban una tormenta. Oyóse un estruendo y todos corrimos a la calle para ver de qué procedía: cuando, estupefacto, vi una columna de polvo más alta que las casas, y tan ancha como la calle, que avanzaba hacia nosotros con rapidez y precedida por remolinos de viento que levantaban las basuras y el polvo del aire. Apenas tuvimos tiempo de cerrar las puertas y ventanas, cuando pasó, oscureciendo el aire y forzando el polvo por las hendijas de puertas y ventanas, de manera de cubrir todas las mesas y los muebles. La atmósfera quedó de nuevo clara, pero el viento continuó soplando con gran violencia. [...] Al tercer día el viento, que hasta entonces había soplado del sureste, cambió al suroeste, y soplando con fuerza pronto despejó un cielo claro y hermoso, y en pocas horas las calles quedaron perfectamente secas. [...] Tan pronto como se supo que un forastero había llegado de los Estados Unidos con la intención de residir en Buenos Aires, todos los criollos de distinción vinieron a visitarme, me convidaron a sus casas y me trataron con urbanidad y atención.
Los encontré suaves y amables en su trato, alegres y amigos de diversiones. Se reúnen con frecuencia por las tardes en casa de unos y de los otros, y se entretienen con los naipes, música y baile. De inteligencia vivaz e imaginación ardiente [...] Las mujeres son animadas y amigas de la conversación, la que mantienen con gran vivacidad." "...el mate, así llamado por la calabaza en que esta bebida se presenta siempre. Es una infusión de hierba del Paraguay, que es de un gusto amargo y acre. Esta infusión es endulzada, y a veces se le agrega un poquito de canela y de corteza de limón. La calabaza, o mate, se coloca sobre un soporte de plata, y el líquido es absorbido a través de un tubo de plata, provisto en su extremidad inferior de un ensanchamiento globular, todo perforado por pequeños agujeros para evitar que alguna partícula de la hierba pase por él. El mate es el lujo de los ricos y el solaz de los pobres. Lo beben apenas se levantan de la cama por la mañana y después de la siesta, por la tarde, y a menudo se deleitan con él durante el día. [...] Las calles de Buenos Aires por lo común están pavimentadas, y en el invierno se vuelven casi intransitables. Sin piedras ni madera para construirlas o arreglarlas, utilizan huesos u osamentas de animales para rellenar los pozos; el resultado puede imaginarse fácilmente. Los caminos que conducen a través de los suburbios de la ciudad son tan extremadamente malos, y las huellas tan hondas, que con gran dificultad puede guiarse un coche por ellos,..."
Bibliografía: "Diario de Viaje a Río de Janeiro, Buenos Aires y Chile. 1810-11", J. R . Poinsett Un viajero ingles tiene una mala opinión sobre la Buenos Aires de 1825: "Esta lejos de ser residencia agradable para los habituados a las comodidades inglesas. El agua es cara. La ciudad está mal pavimentada y sucia y las casas son la morada más incómoda en que nunca haya entrado yo: paredes húmedas, mohosas y descoloridas por el clima; pisos malos de ladrillo, en general rotos, y frecuentemente con agujeros; techos sin cielo raso, y a las familias no se les ocurre calentarse de otro modo que agrupándose en torno de un brasero colocado puertas afuera hasta que el anhídrido carbónico se desprenda.
Algunas familias principales porteñas amueblan sus cuartos de manera muy costosa pero incómoda; colocan sobre el piso de ladrillo una alfombra triple de Bruselas, cuelgan de los tirantes una araña de cristal, y ponen contra la pared húmeda, blanqueada, numerosas sillas norteamericanas de estilo chabacano. Tienen un piano ingles y algunos jarrones de mármol, pero no tienen idea alguna para arreglar los muebles en forma cómoda; las damas se sientan de espaldas contra la pared, sin ningún motivo aparente; cuando un extraño las visita, tienen la costumbre descortés de no levantarse del asiento. No tuve tiempo de frecuentar la sociedad de Buenos Aires, y las habitaciones parecían tan incómodas, que , a decir verdad, me sentí poco inclinado a hacerlo. [...] En Buenos Aires rara vez hombres y mujeres pasean juntos; en el teatro están completamente separados y no es simpático el ver todas las damas sentadas en los palcos mientras los hombres están en la platea -esclavos, simples marineros, soldados y comercianres-, todos miembros de la misma república. La ciudad es provista por los gauchos, así que muestran gran falta de atención a las disposiciones que generalmente se encuentran en comunidades civilizadas. Leche, huevos, fruta, legumbres y carnes, se traen a la ciudad por individuos al galope y se consiguen solamente cuando se les ocurre traerlos. [...] Si uno a sido llevado para comer en carruaje y, por la noche, se aventura a preguntar por qué éste no ha vuelto, la respuesta es que está lloviendo y quienes alquilan carruajes no los dejan salir cuando llueve. [...] La casa que tenía en las afueras estaba no solamente frente al cementerio inglés sino en el camino de la Recoleta, gran necrópolis de la ciudad; media docena de entierros pasaban diariamente ante mi ventana, y en los pocos días que estuve en Buenos Aires, casi no fui a la ciudad a caballo sin haberme topado con alguno."
Biografía: "Las pampas y los andes", Francis Bond Head.
Un viajero francés en la Buenos Aires de 1826-1833.
"Pasaba Buenos Aires, antes de la época en que ha llegado a ser residencia de un virrey, por la cuarta ciudad de la América meridional; pero desde aquella época apenas cede en nada a la misma ciudad de Lima. Se halla edificada con regularidad y presenta la forma de un cuadrado largo de tres cuartos de legua y ancho de media, dividida en cierto numero de cuadras, separadas entre sí por calles que se cortan en ángulos rectos, las cuales son rectas y anchas. No siempre están empedradas en el centro, pero ambos lados ofrecen aceras, desgraciadamente demasiado estrechas para no dejar de ser incomodo su paso, mayormente siendo en muchos puntos altas de dos a tres pies mas que la calzada. Las dos principales son la calle de la Victoria, que ha recibido este nombre después de la Revolución, porque antes tenía el de calle San Benito, y la de la Santa Trinidad. La primera, que casi atraviesa la ciudad, está habitada por la clase alta. Casi todas las casas están bien edificadas en aquella calle y algunas otras próximas a ella, construídas de ladrillos, blanqueadas cuidadosamente, con espaciosos patios [...] Las ventanas están defendidas con una reja de hierro, que les comunica cierto aire de cárcel. La mayor parte tiene balcones cerrados con celosía, en los cuales cultivan flores cuyo perfume embelesa el olfato, [...] Es menester añadir, en honor a la verdad, que describo ahora el hermoso cuartel, la Calzada Antin de Buenos Aires; porque el resto de la ciudad, y los arrabales, habitados sobre todo por mestizos y por los negros, tiene un aspecto muy sucio y miserable. [...] En las calles de Buenos Aires hay más vida y movimiento que en ninguna otra ciudad de la América meridional,... Numerosos carros groseramente construídos con sus chilladoras ruedas de enorme circunferencia, aunque no sean del todo redondas, conducidos por hombres medio salvajes, casi tan brutales como los animales que guían; comisionistas negros, mulatos o indios, cargados con balas y cajas de mercadería; señoras en elegantes carruajes ingleses o franceses, tirados por caballos del país, pequeños pero vigorosos; otras caminando para hacer sus compras o visitas; capellanes y monjes; negociantes y militares; mendigos con licencia o sin ella, apareciendo todos muy afanados; sin hablar del sempiterno tañidos de las campanas -están siempre abiertas las iglesias de Buenos Aires-, tan insoportable para oídos no acostumbrados a aquella armonía; todo este movimiento, todo este ruido comunica a la población una fisonomía particular, y cierto aires de ciudad grande, que no dejaba de tener algún valor para un parisiense recién salido de las lagunas del Paraguay[...] Los mendigos forman una plaga de la que no se ve libre la capital de los argentinos, lo mismo que la de los franceses. Siendo tan abundante todo lo necesario a la vida, y mucho más subido el precio del trabajo que en muchos otros puntos, parece que debería verse Buenos Aires exenta de aquel azote; pero la indolencia y pereza de ese pueblo explican fácilmente esta contradicción.[...] En el norte parece prevalecen aún algunas costumbres españolas, a lo menos en gran parte, en un considerable número de poblaciones; aquí, al contrario, fácilmente creerá un inglés hallarse en Londres, y aun más fácilmente un francés en París. Los sastres y las modistas son todos ingleses o franceses. Sobre todo lo son los trajes para ambos sexos, y siempre al último gusto, con algunos meses de retraso, porque al menos han menester el tiempo necesario para la travesía. Mi tertulia era muy concurrida y de las más brillantes."

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